Coco

Me gusta pero me asusta.

Mucho se habla (para bien y para mal) de este fruto, la realidad es que además de delicioso y versátil, cuenta con una larga lista de vitaminas, minerales y compuestos bioactivos benéficos a la salud.

Si bien su composición es en su mayoría de grasas saturadas (sí, esas de mala reputación), se trata de ácido láurico, un ácido graso de cadena media (MCT) que aumenta los niveles de colesterol “bueno” (HDL) en la sangre.

A diferencia de las grasas de cadena larga, los MCT pasan del tracto digestivo directamente al hígado, donde se utilizan para la producción de energía o cetonas. Por lo tanto, es menos probable que se almacenen como grasa. También se han relacionado este tipo de grasas con un mayor control del apetito, pero ¡ojo! esto no significa que lo puedes consumir a libre demanda pues 100g de pulpa aporta 354 calorías.

El agua contenida dentro del coco (no la leche ni la crema con la que se preparan postres) es rica en electrolitos que ayudan a mantener el equilibrio hídrico del cuerpo, por algo es una bebida de zonas tropicales.